Confieso que es algo que nunca se me había ocurrido, pero tiene su cierta lógica. Cuando a principios del siglo pasado los primeros coches de motor (eléctricos, a vapor o de gasolina) comenzaron a extenderse, ¿qué hacía la gente con todos esos carros con los que hasta entonces había llevado el ganado al mercado o con los que los domingos iba a la iglesia? Quieras que no, un carro es un artefacto complejo, que en su época debía costar bastante pasta. Y de pronto van y te dicen que tu flamante carro de caballos ya no sirve, que ahora lo que mola es una máquina infernal que va por ahí atronando a los vecinos y llenándolo todo de humo. Debieron sentirse como el del chiste: Cuando por fin había aprendido a decir fregoneta, resulta que ahora la llaman molovolumen. Ante tanta confusión, sin duda debió haber un algún iluminado al que se le ocurriría la solución obvia: en lugar de comprar un coche, uno podría comprar alguna forma de artefacto mecánico que sustituyera al caballo al frente del carro. Con esto tenía todas las ventajas de la nueva tecnología, pero sin tener que tirar a la basura una máquina que funcionaba perfectamente.
Y, para mi sorpresa, parece que sí lo hubo, como nos cuenta Jason Torchinsky en Jalopnik. Hubo un momento, a finales del siglo XIX, en que existieron al menos dos de tales aparatos: uno en Alemania y otro en EEUU. Lo cierto es que se trata de una lectura bastante curiosa, que dice mucho sobre el ingenio de nuestros antepasados en aquellos años locos en los que se forjó el mundo que conocemos hoy.
Mi fascinación por las cosas con motor no conoce apenas límites, como saben todos los que me conocen. Realmente para mí será un día muy triste el día que todos nos movamos en silenciosos, limpios y aburridos vehículos eléctricos. Pero no es de eso de lo que quiero hablar en estos momentos. No, en su lugar os voy a explicar cómo funciona un motor de combustión. O más bien, dejaré que sea el departamento de marketing de Chevrolet quien, mediante este simpático vídeo, os lo explique. Es una buena excusa para dejar de trabajar durante 8 minutos.
Los más avispados del lugar tal vez se hayan dado de qué va esto. Shreveport es la ciudad donde está la sede de GM y Maranello es el hogar de Ferrari. Es decir, esto va de una lucha a muerte entre GM y Ferrari.
Termina el año y como siempre me quedan un montón de entradas en la carpeta de borradores del Live Writer que no he podido pulir y publicar básicamente por falta de tiempo. Son entradas que en su mayoría ya no tienen mucho interés, pero siempre hay alguna que está lo bastante avanzada como para que con un par de horitas (o cuatro) de trabajo quede medianamente potable. Así que de aquí a final de año os van a caer unas cuantas entradas, que puede parecer que no vienen mucho a cuento, pero que en su momento eran de una actualidad más que candente. El caso es que aquí va la primera de estas, dedicada al Motorama de GM. La razón de publicarla es ni más ni menos que que este año se cumplen los 50 años desde que se celebró el último de estos eventos y me pareció adecuado, mostraros cómo veía la empresa más poderosa del país más poderoso del mundo cómo iba a ser ese futuro que en 1950 parecía lejano, pero que ya tenemos aquí.
Esta serie especial sobre la época más loca y espectacular de la historia de los rallyes está llegando a su fin (me faltan un par de entradas, más o menos) y no podía olvidar que hoy cumple 60 añitos Michèle Mouton, la piloto más laureada de la historia del automovilismo, y una de las grandes heroínas de esta época.
Cómo pasa el tiempo. Parece que fue ayer y ya hace medio siglo que Yuri Gagarin partía del cosmódromo de Baikonur a bordo de la Vostok 1 para convertirse en el primer ser humano en viajar por el espacio. Para celebrarlo, podría tirar de Wikipedia y crear una entrada sobre el primer viaje de un ser humano por el espacio, pero prefiero dirigiros a la web www.firstorbit.org, donde podréis encontrar una película que recrea segundo a segundo los 108 minutos de aquel histórico vuelo, con imágenes tomadas por los astronautas de la ISS y música del compositor Philip Sheppard. Son 108 minutos, vale, pero ¿qué mejor manera puede haber de pasar ese tiempo?
Antes que la PSP, la DS o incluso la Game Gear y la Gameboy ya había máquinas que te permitían calmar tu fiebre por los videojuegos en cualquier lugar. Con pantallas LCD, gráficos monocromo y sonido… cutrefónico, las hubo de todas las formas y tamaños: desde las más sencillitas sin reloj ni nada hasta auténticos monstruos de dos pantallas y varios modos de juego, como algunas fabricadas por Nintendo. Pues bien, me he llevado una grata sorpresa al encontrarme esta web, donde podréis recordar viejos tiempos jugando a aquellos juegos de nuestra niñez. En mi caso concreto, me he echado unas partidillas al Plane&Tank, ya que soy orgulloso poseedor de un ejemplar (aunque no sé exactamente por dónde andará ahora mismo). La verdad es que una web curiosa, y es una excusa perfecta para vaguear como campeones en este viernes.
La pasada madrugada finalizó el Rallye de Montecarlo. Este edición es especial porque se cumplen 100 años desde que se disputara por primera vez, un lejano mes de enero de 1911. Y, por supuesto, en su infinita sabiduría la FIA ha decidido que este año precisamente el rallye con más pedigrí del Campeonato se quedará fuera del calendario oficial y la temporada empezará el próximo día 10 de Febrero en Suecia. Este año, además, entra en vigor un nuevo reglamento para el Campeonato Mundial de Rallyes que, parafraseando a Jeremy Clarkson, es… bastante aburrido. A lo que se reduce básicamente es que a partir de ahora el Campeonato se correrá a bordo de coches con motor turbo de 1.6 litros de cilindrada y tracción total, con relativa libertad en cuanto a apéndices aerodinámicos y piezas como la caja de cambios estandarizadas para todos los equipos. En general hay bastante desconfianza hacia los nuevos WRC, aunque lo cierto es que el Campeonato no podía continuar como hasta ahora, con sólo dos fabricantes participando de forma oficial y uno de ellos machacando al otro de forma constante año tras año. El caso es que todo este rollo me ha recordado que este año también se cumplen 25 años desde la última temporada que se corrió con coches de Grupo B, que eran ¿cómo decirlo? Muy distintos…
A partir de los años 30 del pasado siglo se produjeron en los Estados Unidos movimientos de personas como no se habían visto desde el siglo XIX. Paralelamente, el automóvil y una red de autopistas y carreteras que cruzaba todo el territorio de norte a sur y de este a oeste proporcionaba a la población una libertad de movimientos sin precedentes… siempre que fueras de la raza correcta, claro está.
Hubo un tiempo en el que toda película con ínfulas de taquillazo (y a veces ni eso) tenía que tener al menos una canción en su banda sonora que poder colocar en los 40 Principales como promoción. O, como mínimo, una canción que todo el mundo recordase mucho tiempo después de haber olvidado la película. Esa época fueron los 80 y en io9 han querido recordarlo con una lista de 38 canciones aparecidas en películas de esta época. Empezando por Queen y acabando con Queen, podréis encontrar desde rock progresivo italiano hasta Jizz, pasando por el rock gótico de Bauhaus, el rock duro de AC/DC o el pop electrónico de Philip Oakley y Giorgio Moroder. Espero que lo disfrutéis tanto como yo, aunque me haya faltado Mark Knopfler en La Princesa Prometida.